Escepticismo vol. 1: Cuatro mitos sobre el cáncer

Mito 1: El cáncer es una enfermedad moderna creada por el ser humano.

Es cierto que probablemente el cáncer está hoy en día más presente en la conciencia colectiva de lo que lo estuvo en cualquier época pasada, pero desde luego no se trata de una enfermedad “moderna” creada por la sociedad occidental. El cáncer ha existido desde los orígenes de la humanidad. Fue ya descrito hace miles de años por médicos egipcios y griegos, y algunos investigadores han descubierto indicios de cáncer en un esqueleto datado en 3000 años de antigüedad.

A pesar de ser cierto que las enfermedades relacionadas con el estilo de vida global, como el cáncer, están en constante aumento, el mayor factor de riesgo para su desarrollo es la edad.

El hecho es que cada vez más personas viven el tiempo suficiente para desarrollar un cáncer, debido al éxito contra las enfermedades infecciosas y otras causas que históricamente han mantenido alta la mortalidad, como la malnutrición. Es totalmente normal que se generen daños en nuestro ADN a medida que envejecemos y que estos daños puedan conducir al desarrollo de un cáncer. Por otro lado, gracias a los últimos avances técnicos, actualmente somos capaces de diagnosticar cáncer de un modo mucho más preciso.

Además del estilo de vida, la dieta y otros factores como la contaminación del aire aumentan grandemente el riesgo de desarrollar cáncer – por ejemplo, fumar es la principal causa de un cuarto de todas las muertes producidas por cáncer en el Reino Unido- pero esto no quiere decir que se trate de una enfermedad moderna producida por el hombre. Hay una gran cantidad de causas naturales para el cáncer. Por ejemplo, uno de cada seis cánceres en el mundo es causado por virus y bacterias.

Mito 2: Los “superalimentos” son capaces de prevenir el cáncer

Los arándanos, la remolacha, el brócoli, el ajo, el té verde… la lista es larga. A pesar de que cientos de webs digan lo contrario, no existe nada parecido a un “superalimento” contra el cáncer. Se trata de simple marketing orientado a la venta de productos, sin base científica alguna.

Esto no quiere decir que no deberías pensar en lo que comes. Algunos alimentos son claramente más sanos que otros. Tomar arándanos de vez en cuando o una taza de té verde forma parte de una dieta sana y equilibrada. Disponer de diferentes frutas y verduras es una gran idea, y comer una gran variedad de verduras también ayuda a mantener una buena salud, pero no resulta demasiado importante qué verduras elijas específicamente.

Nuestro cuerpo es complejo y también lo es el cáncer, por lo que afirmar que un alimento en concreto, por sí mismo, pueda tener una gran influencia en las probabilidades de que desarrolles cáncer es una enorme simplificación.

La acumulación constante de evidencias a lo largo de las últimas décadas apunta un hecho simple aunque no demasiado relevante: la mejor forma de reducir el riesgo de cáncer es a través de una serie de hábitos saludables llevados a cabo de forma constante como: no fumar, mantenerse activo, mantener un peso saludable y reducir al mínimo la ingesta de alcohol.

Mito 3: La “dieta ácida” causa cáncer.

Algunos mitos sobre el cáncer son sorprendentemente persistentes, a pesar de que atenten contra los principios más básicos de la Biología. Una de estas ideas es que una dieta excesivamente ácida provoca que la sangre se vuelva también demasiado ácida, aumentándose así, en teoría, el riesgo de cáncer. Las personas que defienden esta idea proponen una fácil solución: incrementa tu ingesta de sanos “alimentos alcalinos”, como frutas y verduras (incluyendo, paradójicamente, los limones).

Estas afirmaciones son, en términos biológicos, un completo absurdo. Sí, es cierto que las células cancerígenas no pueden vivir en un ambiente muy alcalino, pero tampoco puede hacerlo el resto de células que forman parte de tu organismo.

En condiciones normales, la sangre es ligeramente alcalina (básica). El pH (parámetro que mide la acidez o alcalinidad de una disolución) está estrictamente regulado por los riñones, que lo mantienen dentro de un rango amplio y perfectamente saludable. Y el pH no se altera por nada de lo que puedas comer ya que el exceso de sustancias ácidas o alcalinas serán simplemente excretadas a través de la orina, manteniendo este parámetro en sus niveles normales.

Como consecuencia de esta regulación, el pH de tu orina puede cambiar (y de hecho lo hace normalmente), en función de lo que hayas comido. Esto puede comprobarse mediante un test de pH urinario después de haber ingerido diferentes alimentos, y ese es el motivo de la creencia equivocada de que “la dieta puede volver alcalino el cuerpo”. Pero no es así, lo único que estás cambiando consumiendo alimentos alcalinos es el pH de la orina, y cualquiera que diga lo contrario simplemente no entiende cómo funciona nuestro organismo.

En Medicina se define la acidosis como una condición fisiológica que ocurre cuando los riñones y pulmones no son capaces de mantener en equilibrio el pH del cuerpo. Normalmente es el resultado de serias enfermedades o envenenamiento. Puede ser mortal y precisa por tanto atención médica urgente, pero desde luego no se debe a una dieta excesivamente ácida.

Sabemos que el ambiente circundante a las células cancerígenas (su microambiente) se vuelve ácido en ocasiones. Esto se debe a diferencias en la forma en que las células cancerígenas generan energía y usan oxígeno respecto al tejido sano. Varias investigaciones apuntan actualmente hacia la comprensión de cómo se genera este microambiente, para poder desarrollar tratamiento más eficaces. Pero esta es otra cuestión, ya que no existe evidencia alguna que pruebe que la dieta puede manipular el pH general del cuerpo, ni que esto tenga impacto alguno en el cáncer.

Mito 4: los tratamientos contra el cáncer matan más de lo que curan

Seamos claros: los tratamientos contra el cáncer (quimioterapia, radioterapia y cirugía) no son un camino de rosas. Los efectos secundarios pueden ser muy duros. Después de todo, los tratamientos diseñados para matar células cancerígenas terminan por afectar inevitablemente también a aquellas sanas.

Y a veces, tristemente, el tratamiento no funciona. Sabemos que es muy complicado lidiar con un cáncer terminal que se ha extendido por todo el cuerpo y aunque el tratamiento puedo ayudar a aliviar los síntomas y prolongar la esperanza de vida, en casos avanzados de cáncer no se trata de una cura.

La cirugía es hoy día el tratamiento más efectivo que tenemos contra el cáncer, suponiendo que éste sea diagnosticado lo suficientemente precozmente como para que sea posible realizar la operación. Y la radioterapia ayudar a curar a más gente que los fármacos anti-cáncer. No obstante, la quimioterapia cumplen una función importante en el tratamiento del cáncer: en algunos casos ayudando a curar la enfermedad y en otros permitiendo alargar la vida del paciente.

Las voces que corren por internet afirmando que “la quimioterapia es efectiva solo a un 3%” son altamente engañosas y se basan en informaciones obsoletas.

Es importante apuntar que en un número siempre creciente de casos los fármacos funcionan. Por ejemplo, más del 96% de todos los pacientes de cáncer de testículos se curan, comparado con el 70% que lo hacían en la década de los ’70, gracias en parte a un fármaco denominado cisplatina. Además, tres cuartas partes de los niños con cáncer se curan hoy día, comparado con el 25% que lo hacían a finales de los años ’60, y la mayoría de ellos lo hacen gracias a la quimioterapia.

Sabemos que tenemos todavía un largo camino por recorrer en la investigación de tratamientos contra todos los tipos de cáncer que presenten una mayor eficacia y disminuyan el sufrimiento del paciente. Y es importante que médicos, pacientes y sus familias sean realistas y honestos respecto a cuáles son las mejores opciones en cada caso, especialmente cuando la enfermedad se encuentra en un estado avanzado. En ocasiones, es posible que sea mejor optar por un tratamiento que reduzca el dolor y los síntomas en lugar de otro que intente curar la enfermedad (curas paliativas). Equilibrar la calidad y la duración de la vida será siempre un tema importante en el tratamiento contra el cáncer, y es algo que cada paciente debe decidir por sí mismo, siempre que sea posible.

[selección traducida libremente del artículo de Oliver Childs, divulgador científico, publicado en CancerResearchUK.org, 24/03/2014]

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One thought on “Escepticismo vol. 1: Cuatro mitos sobre el cáncer

  1. Ojalá todo el mundo leyera esto. Lo único, no estoy de acuerdo con parte del punto 3: me parece muy importante aclarar que no hay ningún alimento que, él sólo, baje el riesgo de desarrollar cáncer, pero sin embargo muchos alimentos tienen propiedades antioxidantes y anti-inflamatorias y, si comidos a menudo, sí pueden reducir ese riesgo (especialmente si hablamos de cáncer de intestino). O sea, que la calidad de la dieta llega un poco más allá que “mantener un peso equilibrado”. Pero bueno, lo importante es no olvidar que con el tema de alimentación se está hablando de prevención primaria y nunca, de ninguna forma, de tratamiento. El jengibre no cura el cáncer (aunque quizás un resfriado sí…).

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